¿Podíamos haber predicho el Coronavirus?

Estamos asistiendo en directo a una situación de epidemia mundial que está impactando enormemente en la estructura del sistema a nivel global. Aunque no se puede negar la gravedad clínica de la misma, la realidad es que no es de las más virulentas ni de las más mortíferas que ha vivido la humanidad (no hace falta recordar grandes pandemias como la peste bubónica que asoló a Asia y Europa en el s. XIV, o la mal llamada Gripe Española a comienzos del s. XX –que no se inició en España si no en USA1– causantes ambas de decenas de millones de muertos).

 

Policías en Seattle llevando mascarillas hechas por la Cruz Roja, durante la epidemia de Gripe en 1918. Se pidió a la ciudadanía que permaneciesen en sus casas2

 

Policías en el aeropuerto patrullando con mascarillas, ante la nueva oleada de covid-193

 

Sin embargo, todos presenciamos algo atónitos cómo la rápida expansión del virus está causando efectos nunca vistos, colapsando los sistemas económicos y sanitarios de países con un alto nivel de desarrollo. La realidad es que la reacción humana ante este evento está causando efectos más espectaculares que el virus en sí mismo.

¿Podía haberse anticipado el coronarivus?

COVID-19, un Cisne Negro de impacto mundial

Hace pocas semanas reflexionábamos sobre la importancia de aplicar Strategic Foresight a nivel gubernamental. Entre otras cosas, hablábamos de lo importante que es tener un plan nacional ante eventos de alto impacto sistémico, incluso cuando tienen baja probabilidad de ocurrir, los conocidos como Cisnes Negros. Más aún, si tenemos en cuenta el difícil entorno al que se enfrentan hoy en día los responsables políticos (el entorno VUCA), y la creciente interconexión entre elementos del sistema, que magnifica el impacto de los Cisnes Negros.

La mayor interconexión entre elementos del sistema magnifica el impacto de los Cisnes Negros.

El coronavirus es, con todas las letras, un Cisne Negro.

Era un evento difícil de predecir, y a la vista está el alto impacto que está causando a todos los niveles.

Sobre el primer punto, veamos hasta qué punto los organismos oficiales e institucionales a nivel mundial contaban (más bien, no contaban) con un evento así.

El World Economic Forum desarrolla anualmente el informe de Riesgos Mundiales desde 2006, un informe en el que presenta los mayores riesgos a los que el mundo se enfrenta en el próximo año, y los cambios en el paisaje mundial de riesgos de un año a otro4 5.

Si nos fijamos en el informe de Riesgos de 20206, publicado en enero de este mismo año, es chocante observar cómo la “Difusión de enfermedades infecciosas” está clasificado como un evento de impacto medio-alto, pero de muy baja probabilidad. De hecho, está entre los 5 con menor probabilidad de entre los más de 30 eventos potenciales que se consideraron.

Las enfermedades infecciosas no aparecían en el “top-diez” de eventos con mayor probabilidad, ni en el “top-diez” de mayor impacto.

El siguiente gráfico muestra la distribución de los diferentes eventos potenciales en una matriz de probabilidad/impacto, y podemos ver la valoración que obtuvo la “Difusión de enfermedades infecciosas”.

 

Paisaje mundial de riesgos. Informe de Riesgos Mundiales 2020. World Economic Forum.

 

Respecto a la previsión de impacto potencial, en un sistema complejo donde todo está conectado, el efecto dominó de consecuencias se puede mapear con cierta intuición (utilizando por ejemplo herramientas como la rueda de futuros) aunque de nuevo no se tomaron en consideración las estimaciones sobre la envergadura del impacto.

A continuación he hecho una primera estimación de aquellos eventos de riesgo a los que puede afectar la difusión de una enfermedad infecciosa y que, de hecho, ya se están viendo afectados en mayor o menor medida por el coronavirus.

Entre otras:

  • Conflictos interestatales.
  • Fracaso o colapso en la gobernanza regional o global.
  • Inestabilidad social.
  • Fracaso o colapso de infraesctructuras críticas (por ejemplo, del sistema sanitario).
  • Crisis de alimentos.
  • Crisis estatal.
  • Fracaso o colapso de instituciones o mecanismos financieros.
  • etc

 

Efecto dominó de consecuencias posibles de una enfermedad infecciosa, a partir del informe de Riesgos Mundiales 2020. Elaboración propia.

 

Strategic Foresight para anticipar las consecuencias del COVID-19. Sí, hubo alguien que anticipó este escenario.

Strategic Foresight ya se utilizó para anticipar las consecuencias del coronavirus, pero los aprendizajes no se aplicaron a nivel gubernamental.

El ejercicio que aquí se ha hecho de forma intuitiva utilizando solamente la proyección, en realidad se llevó a cabo en octubre 2019 en Washington DC de forma exhaustiva, utilizando herramientas y metodologías de Strategic Foresight7.

Expertos en Foresight anticiparon el Coronavirus

Las personas responsables de llevar a cabo este ejercicio de prospectiva fueron Samuel Brannen, responsable del Grupo de Riesgo y Foresight del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS por sus siglas en inglés) y miembro veterano del Programa de Seguridad Nacional de EE.UU., y Kathleen Hicks (vicepresidenta del CSIS) y directora del Programa de Seguridad Internacional de EEUU. Como especialistas en planificación estratégica para la seguridad nacional, ambos han asesorado a altos miembros del gobierno de EEUU, miembros del congreso, CEOs y otros líderes sobre cómo planificar para una crisis antes de que aparezca, usando escenarios realistas (podrían suceder) pero ficticios (no han sucedido en el momento de la proyección).

Apenas un par de meses antes de que la pandemia del coronavirus surgiera en Wuhan, Brennan y Hicks reunieron a un grupo de expertos en salud pública, biociencia, seguridad nacional, respuestas de emergencia y economía para trabajar en un ejercicio de prospectiva, con la idea de base de los diferentes futuros posibles y la herramienta de los escenarios (conoce más sobre futuros posibles y multiplicidad de futuros, y sobre la técnica de escenarios aquí y aquí). En este ejercicio, se planteó la clásica fórmula de “¿qué pasaría si…?”.

En concreto, la pregunta en este caso fue “¿Qué pasaría si una pandemia global golpease repentinamente a la población mundial? La enfermedad que pusieron en el centro de este escenario (ficticio en su momento) fue, precisamente, un nuevo tipo de coronavirus altamente contagioso (basándose en anteriores epidemias como el SARS o el MERS, ambos también coronavirus).

Los expertos trabajaron sobre cómo le iría a la ciudadanía estadounidense y a la comunidad global ante este escenario: cómo la epidemia pondría a prueba los recursos, las burocracias y las relaciones internacionales. Después, retrocedieron desde ese futuro proyectado hasta su momento presente, recomendando qué elementos eran clave para evitar o gestionar de la mejor manera posible los riesgos de la pandemia.

Lo que encontraron, en términos generales, es que el mundo ha cambiado de forma que es mucho más difícil contener la enfermedad que en épocas anteriores, y que algunos de los errores que ayudan a propagar el virus han terminado ocurriendo en la gestión de la pandemia real.

En su trabajo prospectivo, proyectaron un patrón de difusión del virus similar al que se ha dado en la realidad: el coronavirus se extendía saltando de país a país vía vuelos internacionales, causando problemas no sólo para los sistemas de salud si no también para las economías y los líderes políticos.

Su escenario asumía que los gobiernos recurrirían primero a medidas a corto-plazo para tratar de ralentizar la propagación, como limitaciones a los viajes y cierre de fronteras. Sin embargo, estas prohibiciones tenían poco efecto debido al tiempo de incubación. Tal y como está sucediendo actualmente, en el escenario proyectaron que para cuando se tomasen las decisiones, el virus ya se habría empezado a difundir de forma incontrolada.

Los expertos estimaron que la actividad económica se ralentizaría substancialmente, debido a efectos directos del virus sobre la salud de los trabajadores y a los esfuerzos del gobierno por prevenir una mayor difusión de este.

El escenario también proyectaba que los países empezarían a tomar medidas monetarias y fiscales para calmar a los mercados y favorecer el retorno del crecimiento, algo que también estamos viendo en la situación real.

En su estimación, el mundo lograba volver a cierta normalidad tres meses después del brote inicial. Teniendo en cuenta que el brote real comenzó a principios de diciembre de 2019, el escenario actual ya está durando más tiempo de que proyectaron.

¿Qué aprendizajes extrajeron los expertos de este trabajo?

  • Las acciones tempranas de prevención son críticas: Establecer confianza y cooperación tanto a nivel nacional como internacional, entre gobiernos, compañías, trabajadores y ciudadanos es importante ANTES de que la crisis golpee los países.
  • La comunicación es vital, pero un descenso de la confianza la hace más difícil. Los mensajes consistentes y las fuentes fidedignas de información son fundamentales.
  • La cooperación internacional es clave. Un virus no entiende de fronteras, por lo que es importante paliar la creciente desconfianza entre países. Los Estados compiten uno contra otro en vez de cooperar, ignorando la naturaleza inherentemente transnacional de la amenaza, mientras intentan minimizar las consecuencias negativas sólo para sus propias poblaciones, economías y partidos en el poder.
  • El sector privado es clave para gestionar el brote: los gobiernos están en el centro de la respuesta a la pandemia, pero es el sector privado el que tiene la capacidad de innovación tecnológica para producir tratamientos y curas (análisis con sesgo estadounidense).

Todos estos aprendizajes estaban disponibles ANTES de la aparición del virus real, cuando la pandemia sólo era una ficción imaginada por unos cuantos expertos. La conclusión principal de esto es, simplemente, que los líderes no se tomaron la salud tan en serio como para considerarla un tema de seguridad nacional. Todas estas consideraciones se sabían y se podrían haber aplicado como medida de prevención antes de que existiese la amenaza real y ya fuese demasiado tarde, pero nadie les hizo el suficiente caso.

La explicación es que los países tienden a priorizar las consideraciones domésticas en tiempos de crisis, y la colaboración y la coordinación internacional llegan tarde. Los líderes se afanan en reaccionar ante la epidemia que ocupa los titulares, pero se olvidan de prevenir la siguiente. Pero la gestión “de crisis a crisis y tiro porque me toca” acarrea un coste abrumador, no sólo en recursos, sino también en vidas.

Es necesario invertir recursos en una mejor preparación para las grandes pandemias. Ante todas las amenazas trabajadas en este ejercicio de prospectiva, la detección precoz, la confianza pública e internacional, la información compartida y el aprovechamiento de la innovación del sector privado fueron señaladas como elementos vitales para una reducción efectiva del riesgo, pero nadie aplicó estas medidas con el tiempo de antelación suficiente.

En palabras de Faris & Rosie de la consultora Genius Steals8, el peor momento para preocuparse repentinamente sobre algo que lleva años construir y testar, es cuando lo necesitas… porque entonces es definitivamente tarde. Es cierto que se pueden implementar sistemas de colaboración y metodologías ágiles en el momento clave de reacción, pero éstos no contemplan algo fundamental para la buena respuesta estratégica: la larga, lenta e insulsa construcción del sistema global y sus infraestructuras… y su mantenimiento.

Coronavirus y ¿ahora qué?: escenarios de futuro

Debido a la tendencia humana hacia el sesgo negativo (potenciada ahora mismo por el enorme poder de los medios y redes sociales) la narrativa principal está predominantemente impulsada por el miedo. Y la narrativa es crucial a la hora de determinar estados mentales y de comportamiento. El miedo es tremendamente contagioso…pero la esperanza también lo es.

Sohail Inayatullah, presidente de Estudios de Futuro en la UNESCO, se atrevió hace pocos días a publicar una serie de futuros posibles usando el coronavirus como narrativa, e incluyendo la proyección de escenarios positivos hacia los que pudiera derivar la situación actual.

Los escenarios son los siguientes, en sus propias palabras:

Apocalipsis zombi

Mutación del virus + xenofobia + pánico.
La incertidumbre lleva al colapso de los mercados, recesión global –cadena de suministro, turismo, viajes y conferencias interrumpidos– y numerosos cambios de régimen como en Iran o en EE.UU., por ejemplo.

Pausa Necesaria

Normalización estacional – “otra gripe invernal”.
Virus solucionado y normalizado en un año. Las grandes farmacéuticas ven la oportunidad de hacer negocio y en 2021 ya existe una vacuna disponible. Mientras tanto, el ritmo frenético de todo se ralentiza de forma gradual: menos consumo irracional, menos viajes innecesarios… generando un impacto positivo en la crisis del cambio climático. Ciudades con exceso de turismo como Venecia tienen un respiro. La localización (vs. globalización) se regenera. Progreso Social.

La Magia de Alibaba

Grandes compañías de Inteligencia Artificial, ciencia y start-ups se lanzan al rescate. Entramos “de verdad” en la era de la cuarta ola digital. Genómica + Inteligencia Artificial ayudan primero a monitorizar, y después a prevenir. Descubrimiento tras descubrimiento, la innovación cae en cascada por todo el sistema. La “minoría creativa” de Toynbee9 guía el camino. Los jóvenes son el presente.

La Gran Desesperación

Ni apocalipsis, ni depresión, ni magia… sólo un lento y marcado descenso de la salud y de la riqueza. Aparecen muros por todas partes. La OMS y otras instituciones intentan contener el coronavirus, pero éste termina infectando los cuerpos, mentes y corazones de todos. Vuelta a la Edad Media Europea.

Aunque la mayoría sitúan el primer escenario como el más probable, es necesario pararse a proyectar y a debatir sobre los otros escenarios posibles, intentando pensar más allá de lo obvio y atreviéndonos a imaginar otros futuros hacia los que nos gustaría encaminarnos. Sólo de esa manera los líderes y las instituciones gubernamentales serán capaces de establecer una a una las acciones necesarias para llegar hasta ellos.

Entonces, ¿Podía haberse predicho esta epidemia?

La respuesta es no. De momento, los seres humanos no tenemos capacidad de predecir el futuro. Pero sí se podía haber anticipado, y de hecho, se anticipó y se esbozaron las consecuencias que podría llegar a tener, de la mano de expertos mundiales en la materia. Pero era necesario que alguien estuviese dispuesto a invertir recursos en prevenir antes de que fuese demasiado tarde.

Trabajar con escenarios puede ser una herramienta poderosa para imaginar un futuro posible que no ha ocurrido todavía, pero no es suficiente. Los países y sus gobiernos tienen el deber de ir más allá. Hay que añadir el componente de “estrategia” a la prospectiva. Hay que hacer Strategic Foresight. Podemos, y debemos, tomar medidas de prevención y preparación ante los futuros no deseados. Podemos, y debemos, tomar las medidas de planificación proactiva para fomentar los futuros que deseamos.

 

Fuentes:

  1. https://elpais.com/cultura/2018/02/05/actualidad/1517844519_017538.html
  2. Imagen de National Archives at College Park, MD. Record number 165-WW-269B-25.
  3. Imagen: Antena 3 Online
  4. World Economic Forum
  5. Wikipedia.
  6. Global Risk Report 2020. World Economic Forum.
  7. S. Brannen y K. Hicks, “We Predicted a Coronavirus Pandemic. Here’s What Policymakers Could Have Seen Coming”. Politico Magazine. 7 marzo 2020.
  8. http://geniussteals.co/
  9. Inayatullah hace referencia a la teoría de Arnold J. Toynbee, historiador británico, que creó el concepto de “Minoría Creativa”  o “Minoría Creadora” como “aquellos que encuentran soluciones a los retos, que inspiran -más que empujar- a otros a seguir su liderazgo innovador”. Ver más en https://es.wikipedia.org/wiki/Estudio_de_la_Historia_(Arnold_J._Toynbee)
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