¿Por qué los líderes españoles no se suelen sentir cómodos con el futuro?

Cuando comencé a profundizar en la disciplina de Strategic Foresight, tardé poco en darme cuenta de que, mientras en otros países europeos (especialmente en Francia) y en Estados Unidos había una gran profusión de autores, estudios, artículos y libros publicados sobre el tema, en España y otros países hispanohablantes no había gran cosa, y los pocos autores que sí estaban generando contenido de interés pertenecían casi en su totalidad al ámbito académico.

Empecé a preguntarme cuál sería la causa de esta diferencia notable y a evaluar qué patrones culturales podrían estar provocándola. Gastón Martínez, gran antropólogo y valioso colaborador en varias facetas de mi trabajo, me aportó un comentario interesante que abrió la puerta a mi consiguiente estudio y entendimiento: el concepto de pasado y futuro cambia en diferentes culturas.

Para este post, es necesario distanciarse momentáneamente del entorno empresarial y establecer una mirada más antropológica, pero que nadie se asuste: todo tiene un por qué, y al final este enfoque cultural os ayudará a entender mucho de lo que pasa en las empresas hoy en día. Además, os clarificará cuál es la relación con Strategic Foresight y entenderéis el valor de conocer los aspectos culturales para abordar de una forma más realista y pragmática los retos que podáis tener en vuestras organizaciones.

Percepción cultural del tiempo: el caso de los Aimaras

Tendemos a pensar que la concepción del tiempo de los demás es parecida a la nuestra, pero estudios de numerosos autores han demostrado que está fuertemente influenciada por la cultura en la que vivimos. Si bien todas las culturas estudiadas hasta la fecha, incluida la nuestra, tienden a utilizar metáforas espaciales para referirse al concepto de tiempo (adelantar un acontecimiento, una tarde muy larga, arrastrar las horas…), las referencias que utilizamos difieren de una cultura a otra. Esto es debido a que nos posicionamos subjetivamente de forma diferente en relación al paso del tiempo. Uno de los ejemplos más sorprendentes y curiosos lo encontramos en los Aimara, pueblo indígena que habita en los Andes, en las regiones de Bolivia y Perú, desde tiempos precolombinos.

Fotografía: Felipe Arias

 

En la lengua aimara, la palabra que indica el pasado es nayra, que literalmente significa ojo, a la vista o al frente. La palabra que traduce futuro es qhipa, que quiere decir detrás o a la espalda. Es decir, para ellos, el pasado es lo que está delante de nosotros, mientras que el futuro está detrás. Incluso cuando se usan el lenguaje no verbal para expresarse, hablan del pasado extendiendo el brazo delante de ellos, mientras que cuando se refieren al futuro, por ejemplo a lo que harán mañana, señalan hacia atrás, por encima de sus hombros hacia la espalda.

Este hecho me fascinó. En todos los idiomas indoeuropeos, incluyendo el español, y también en lenguas tan dispares como el inglés, hebreo, polinesio, japonés y bantú, los hablantes tienen al futuro DELANTE de ellos. En nuestra concepción del tiempo, éste discurre desde un punto atrás de nosotros, atraviesa el lugar donde nos encontramos, y se aleja hacia delante constituyendo el futuro. De hecho, es muy frecuente que imaginemos el tiempo como una carretera por la que avanzamos, y usamos esta metáfora a menudo: Nos referimos a la vida como un “viaje”  y a la muerte como “fin del camino”. Nos situamos a nosotros mismos a mitad de camino en esa carretera, donde lo hemos avanzado queda detrás de nosotros y constituye el pasado, mientras que la carretera que se extiende frente a nosotros constituye el futuro.

Concepción del tiempo en nuestra cultura
Concepción del tiempo en nuestra cultura. Fuente: basado en Richard Lewis.

 

Los Aimara, sin embargo, se posicionan a sí mismos al revés, mirando hacia el pasado y de espaldas al futuro. ¿Por qué? La razón es sencilla: el pasado está enfrente de sus ojos porque es lo que pueden ver, es conocido, pueden analizarlo, contarlo y aprender de él. El futuro, sin embargo, es desconocido. Está a su espalda porque ahí no tienen ojos, no pueden ver.

Concepción del tiempo en cultura aimara
Concepción del tiempo en la cultura Aimara. Fuente: basado en Richard Lewis.

Actitudes hacia el tiempo

Los investigadores Hampden-Turner & Trompenaars (1997) definen en su investigación siete ´dimensiones fundamentales de cultura´ dentro de las cuales está la dimensión ‘Actitudes hacia el tiempo’. Esta dimensión hace una distinción entre las culturas en las que es más importante lo que se logró en el pasado en contraste con las culturas en donde es más importante lo que se puede lograr en el futuro. Si pensamos en la manera de entender el tiempo de los Aimaras, no es difícil adivinar que para ellos lo que se ha conseguido en el pasado es mucho más importante que lo que se promete o se espera que se va a conseguir en el futuro. Los antepasados, los logros de etapas anteriores en la vida…son lo que realmente determinan la identidad de una persona.

Pero, ¿y otras culturas más parecidas a la nuestra? ¿y todos aquellos líderes que dirigen empresas en países desarrollados? Conocer su percepción cultural relacionada al tiempo puede ayudar a comprender el comportamiento y las prioridades que vienen en gran parte determinadas por la cultura en la que viven.

Diversos autores hablan de 4 dimensiones del tiempo, posicionadas en dos ejes que a su vez polarizan dos visiones opuestas de tiempo.

  • Eje 1: Tiempo monocrónico vs. Tiempo policrónico
  • Eje 2: Tiempo lineal vs. Tiempo circular.

Vayamos con el primer eje:

Tiempo monocrónico vs. Tiempo policrónico.

El tiempo monocrónico debe su nombre a una característica fundamental, que es la tendencia a concentrarse en una sola cosa a la vez y en orden cronológico. Las culturas marcadas por una comprensión monocrónica del tiempo (culturas monocrónicas) entienden el tiempo como algo muy importante, costoso, casi material. Es frecuente escuchar comentarios como “ahorrar tiempo” y “desperdiciar o perder tiempo”. Se valora la planificación y la eficiencia. Estas culturas suelen tener añadido un bajo nivel de contextualización, lo que significa que el contexto que rodea a las tareas de una franja de tiempo concreto es siempre menos importante que la tarea en sí. Las comunicaciones son objetivas, se valora “ir directo al grano” y todos los demás elementos “no esenciales” tienen una importancia secundaria (son considerados algo prescindible, y por lo tanto es una “pérdida de tiempo” dedicarles atención). Planificar las cosas y anticiparse a los acontecimientos, por lo tanto, es esencial y se utiliza como un sistema de clasificación que ordena la vida (Hall, 1983, 1990). El sentido de la concepción del tiempo en estas culturas es pragmático y objetivo, y tiende a la consecución de resultados concretos.
Piensa por un momento en personas y líderes que has conocido con esta aproximación a la gestión de su tiempo (y sus expectativas sobre la gestión del tiempo de los demás). ¿Verdad que no es difícil asociarlos a una cultura o país determinado? Efectivamente, los líderes estadounidenses, alemanes o suizos, por ejemplo, están condicionados por una cultura monocrónica.

La concepción del tiempo policrónico, por el contrario, suele darse en culturas con mayor nivel de contextualización (interpretación de gestos, relaciones personales, conductas etc.). En las culturas policrónicas, el tiempo no es entendido como algo tangible, no hay una percepción económica del tiempo. El énfasis se pone en la interacción y participación de las personas, y no tanto en las tareas a realizar y los horarios establecidos. Debido a esto, es normal que en una cultura policrónica se realicen varias tareas a la vez, haya interrupciones frecuentes por parte de otras personas, y se da la misma importancia a todo lo que sucede en un momento determinado, sin que una tarea o elemento en esa franja de tiempo sea más importante que las personas que participan en él o a la relación que tienen entre ellos. Al no tener una visión economicista del tiempo, no es raro que los horarios se vean cambiados sobre la marcha en favor de una conversación interesante, una negociación difícil o una relación personal que, simplemente, necesitan más tiempo.

La planificación estricta en este tipo de culturas no sólo es difícil, sino que es prácticamente imposible, y lo mismo sucede con la anticipación. Cobra mucho más valor el momento presente que el momento futuro, por lo que no importa postergar el siguiente evento en la agenda en favor del momento presente. Como vemos, son culturas más flexibles, con más tendencia a la improvisación y la “organización espontánea”. Si estás leyendo esto desde algún país con raíces latinas, puede que te sientas identificado. Como habrás podido adivinar, la cultura del sur de Europa, Latinoamérica y de algunos países árabes es más parecida a esta concepción del tiempo.

Understanding Cultural Differences
Fuente: Hall & Hall (1990) “Understanding Cultural Differences”.

 

El segundo eje hace referencia a la percepción del tiempo como algo lineal, o como algo circular.

Tiempo lineal vs. tiempo circular

Las culturas monocrónicas generalmente tienen una percepción del tiempo lineal, en la que se considera al tiempo como una línea que se extiende: por un lado, el pasado y, por otro lado, el futuro. El tiempo se puede dividir y organizar, se puede compartimentar en fracciones más pequeñas que facilitan la planificación (por ejemplo, un día se puede dividir en horas, lo que facilita la gestión de la agenda, eventos, compromisos etc.) Por lo general, las culturas con una concepción de tiempo lineal dan más importancia a lo que se puede lograr en el futuro que lo que ha sucedido en el pasado (pensemos en los americanos y su concepción del fracaso como algo que enseña e impulsa para llegar a un futuro mejor). Los Aimaras, sin embargo, son una rara excepción a esta tendencia. Ellos tienen una concepción del tiempo lineal, pero sitúan el pasado delante de ellos.

Por otro lado, otras culturas (generalmente policrónicas, aunque no siempre sucede así) tienen una percepción del tiempo circular. Estas culturas perciben el tiempo como un ciclo donde todo vuelve: después de la noche siempre sale el sol, las estaciones del año se suceden una después de la otra, y nada de lo que hagamos va a cambiar eso (ciertamente no las prisas de un ejecutivo extranjero por cerrar una negociación). El sistema temporal circular pone el mayor énfasis en lo que está sucediendo en el presente, pero implica también que el pasado no es un capítulo cerrado, sino que tiene un papel importante en lo que sucede en el presente. Por ello, lo que una persona logró en el pasado pesa más que lo que alguien promete hacer en el futuro.

Las dimensiones del tiempo

 

Aunque la mayoría de culturas presentan una correlación monocrónico-lineal y policrónico-circular, no es una relación estricta. En algunas culturas asiáticas, por ejemplo, vemos una manifestación de una cultura monocrónica (alta valoración del tiempo y su eficiencia), y circular (alto valor del pasado). Por ejemplo, la cultura japonesa. En este link tienes otra apreciación sobre los modelos de comportamiento cultural que explica esta “tercera dimensión”.

¿Y qué tiene que ver esto con Strategic Foresight?

Más allá del interés que estas diferentes percepciones puedan tener a la hora de tratar y hacer negocios con líderes de culturas diferentes, es apasionante entender cómo la percepción del tiempo en la cultura hispana ha podido influir en lo poco desarrollada que está la disciplina de Strategic Foresight aquí.

La cultura española y latinoamericana se caracteriza históricamente por una percepción policrónica del tiempo, donde no predomina una visión economicista del mismo sino que el valor está en las personas y en el momento presente. La nuestra es una cultura menos disciplinada que la anglosajona o la germánica, por ejemplo, en la planificación y anticipación del futuro, ya que culturalmente estamos condicionados a asumir que no podemos influir en gran medida en el futuro, y que es más práctico “armonizar” nuestra existencia y la de nuestras compañías con los acontecimientos que se sucederán en cualquier caso, hagamos lo que hagamos. La forma de liderar compañías se hace poniendo énfasis en las relaciones y los objetivos tienden a fijarse a 3-5 años como mucho.

Sin embargo, esto está empezando a cambiar. El entorno VUCA en el las empresas se encuentran inmersas (VUCA: el cambio como la nueva normalidad), el creciente rol de las empresas españolas en el ámbito internacional y los retos globales y nacionales a los que se enfrentan los líderes de hoy, hace que muchos estén empezando a buscar soluciones y respuestas que les ayuden a tomar decisiones estratégicas más fundamentadas y con una visión más a largo plazo.

Los años que Strategic Foresight lleva desarrollándose en otros países han demostrado que es una disciplina que puede ayudar en gran medida tanto a prepararse mejor para los cambios por llegar, como a tomar acción concreta para acelerar y fomentar un futuro concreto que represente una oportunidad para nuestra compañía.

Por lo tanto, aunque en nuestra cultura la visión a largo plazo no suela ser un factor determinante en la toma de decisiones, cada vez más líderes empiezan a buscar respuesta a retos de futuro que antes ni siquiera se planteaban. Sin embargo, muchas veces se encuentran con algunas barreras culturales que les dificultan la tarea de hacerse entender o de transmitir la importancia y la urgencia de esos retos, de mirar más allá del próximo año fiscal y prepararse para ello. Strategic Foresight tiene la ventaja de poder servir de marco explicativo realista no sólo para compartir los retos, sino para poner en valor lo que se consigue aplicándolo, esto es: una capacidad más proactiva hacia el futuro, que permite a nuestra compañía anticiparse y adelantarse no sólo a su entorno competitivo, sino al ecosistema empresarial en el que está inmersa.

Y en tu compañía, ¿qué percepción del tiempo predomina? ¿Cómo está influyendo eso en la manera en que se toman decisiones estratégicas?

 

Fuentes:

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